Hablamos con Juan Pérez Floristán

Juan Pérez Floristán es un joven pianista que nació en el seno de una familia con antecedentes musicales: su padre, es director; y su madre, pianista. Ésta fue quien guió el aprendizaje de su hijo durante sus primeros 10 años de formación. Posteriormente, estudió en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, con Galina Eguiazarova; y en la actualidad es alumno de Eldar Nebolsin en la Hochschule für Musik Hanns Eisler en Berlín.

Su carrera ha ido fermentando en cursos y con profesores particulares, dando un óptimo resultado. Tanto es así que en la pasada edición del prestigioso Concurso Internacional de Piano Paloma O’Shea obtuvo el primer premio y el premio del público.

Juan Pérez Floristán se deja ver como una persona pasional aunque disciplinada, de palabras profundamente sinceras y de un pensamiento crítico muy certero sobre todo aquello que le rodea. Con su espontaneidad y desenfado encandila tanto a sus seguidores como a los periodistas. ¡Estamos encantados de poder hablar con él!

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copyright – Concurso de piano Paloma O’Shea


bio-floristanBuenos días, Juan. ¡Es todo un placer poder entrevistarte!

Actualmente eres conocido sobretodo por tu primer premio en el concurso Paloma O’Shea, ¿tras esta experiencia consideras esencial en la carrera como intérprete de un músico su participación en algún concurso?

Quizás suene contradictorio, pero el haber ganado un concurso no hace que opine que los concursos son la panacea de nuestros tiempos. En su día decía que, si podía permitírmelo, evitaría los concursos. ¿Quién quiere pasar, voluntariamente, por una prueba tan exigente, larga y estresante? Y aún sigo pensándolo: los concursos son una herramienta de lo más útil, pero es también un arma de doble filo y un peligro para muchos jóvenes. Por supuesto que mi sueño hubiera sido conseguir una carrera como hizo Volodos, Barenboim y tantos otros en su día: sin presentarse a ni un solo concurso. Sin embargo, el mundo está cambiando mucho, la competitividad y cantidad de músicos es mayor que nunca… Y, por otro lado, estamos hablando de genios de la talla de Barenboim y Volodos: ¡uno no se puede comparar con ellos y salir bien parado! Yo he tenido que encontrar mi propio camino. Y, todo sea dicho, la proliferación de tantos concursos también está haciendo que su nivel y credibilidad baje. Ganar hoy en día el Tchaikovsky (aunque sigue siendo todo un hito en la carrera de cualquiera) no es comparable a lo que suponía 20 ó 30 años atrás.

Cuéntanos cuáles fueron tus impresiones sobre el Concurso: algo que te llamara la atención, tu relación con el resto de participantes, tu preparación para un reto de tal tamaño…

Me llamó la atención lo diferente que éramos todos: nuestra manera de estudiar, de concentrarnos antes de cada concierto, de relacionarnos entre nosotros… Una anécdota que nunca olvidaré ocurrió los días previos a la final. Como ya solo quedábamos 6, teníamos todas las instalaciones de estudio a nuestra disposición. Aún así, en el papel con el horario en el que podíamos apuntar nuestros nombre para coger aula (que en el fondo ya no hacía falta, pues sobraban pianos para todos) el resto de finalistas seguían apuntando su nombre en un aula ocupando todo el horario de apertura del edificio, de 9:00 a 22:00. Era cuanto menos curioso ver que mi nombre ocupaba como mucho una franja de 12:00 a 13:00 y otra de 18:00 a 19:00…

La preparación fue intensa y, sobre todo, constante. Todo giraba alrededor del concurso, incluso los programas para los recitales los 6 meses previos. No dejé ni un día sin sentido, ya fuera estudiar o descansar (pero siempre pensando que estaba descansando como parte de la preparación del concurso). ¡Y un mes antes decidí mantenerme abstemio hasta que todo hubiera terminado!

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copyright – Kirill Bashkirov

Durante tu interpretación del Allegro con fuoco ma non troppo de la Wanderer-Fantasie de Schubert en la nombrada competición se oye un estruendoso ruido en la sala que no impidió que, a pesar de haberte molestado visiblemente, siguieras adelante con tanta entereza. ¡Menuda concentración de hierro! ¿El respeto entre el público general en los directos por la figura del músico profesional o la música clásica en sí se ha devaluado?

Esa anécdota jamás la olvidaré. Ya en la primera ronda se había fundido un foco, pero solo había dado un flashazo. Pero en la segunda no solo se fundió, sino que estalló, formando tal ruido que se me quedó un pitido en los oídos un par de minutos y el público soltó un grito de espanto y expectación, como si dudaran de si iba a continuar o no. Pero mi concentración era tal, que a los 10 segundo me había vuelto a concentrar; después de 1 año de preparación no iba a permitir que algo así me lo fastidiara. La única reacción que tuve, natural dadas las circunstancias, fue soltar un “Joder macho”. ¡En la grabación se escucha perfectamente!

Después de haber iniciado tu carrera como concertista no has descuidado tu formación como músico, actualmente en Berlín. ¿Es fácil estudiar y llevar una vida activa como intérprete?¿Qué consejos nos puedes dar?

No es nada fácil. Organización, disciplina, cabeza… Nada sobra para hacer ambas cosas a la vez.

Además, tienes un grupo de cámara… ¿Crees que es necesario para todo instrumentista solista trabajar el repertorio camerístico?

Es vital. Un músico que descuide la música de cámara no es un músico completo. El contacto con otros músicos, compartir música con ellos, aprender, ser sensible al timbre de otros instrumentos que no sean el tuyo, interpretar el lenguaje corporal de tus compañeros, disfrutar y aprender de otras visiones musicales, aprender a respirar, a acompañar, a tener un buen balance, a dialogar, a discutir, a hacer crítica constructiva, a analizar por qué algo te gusta o no… Y bueno, ¡que tocar música de cámara es un disfrute total!

A lo largo de tu trayectoria musical has recibido clase en cursos y con profesores particulares. ¿Ibas buscando un modelo de profesor en concreto? ¿Cómo de determinante crees que ha sido la figura del maestro en tu desarrollo como músico?

No. Iba tanteando, como todos. Poco a poco he ido afinando la puntería y sabiendo mejor qué es lo que me convenía. Y no me refiero a los profesores a los que les gustara y no tuvieran nada que decirme. Al contrario: me refiero a los profesores que tuvieran muchísimo que decirme, que supieran moldear mi camino como artista y persona. Es por eso por lo que me gusta diferenciar entre un profesor y lo que yo considero un Maestro, un Mentor.

¿Crees que en el panorama actual la obcecación por un perfeccionamiento técnico ha quitado espacio al desarrollo de un ingrediente intelectual o humanístico en la formación integral de los músicos?

Puede ser. La obsesión por la perfección técnica como fin en sí (y no como medio) no lleva a nada más que a impresionantes fuegos de artificio e increíbles piruetas. Pero eso no es arte. El arte requiere un compromiso estético e intelectual más allá de toda duda, un ansia de saber sin límites y una capacidad de disfrute sana y siempre presente. ¿No es acaso por eso por lo que nos dedicamos al arte, para disfrutar y hacer disfrutar a los demás?

Muchos de tus maestros son concertistas activos a nivel nacional e internacional. ¿Ha sido beneficiosa para ti esta faceta de tus docentes?

Sin duda alguna. No es solo porque puedan darme “consejos prácticos” que nacen de su experiencia en el escenario (que también), sino porque saben perfectamente qué funciona y qué no y, sobre todo, porque entienden perfectamente en qué consiste tu profesión: la presión que conlleva subirte a un escenario, el estrés, la toma de decisiones, el a veces apremiante calendario…

Una de las características que más llama la atención sobre ti, especialmente en la prensa, es que no tienes el título de Grado Medio en música. Además, nos has sorprendido con titulares como “En Andalucía sobran conservatorios superiores de música” (ABCdeSevilla) o “La educación musical pública ha fallado” (ABC). ¿Qué es lo que con más urgencia cambiarías en la educación musical en España?

Es un tema sobre el que me preguntan mucho. Para mi gusto, demasiado. Y por un sencillo motivo: no es a mí al que hay que preguntar. Yo tengo una opinión que puede estar más o menos fundada que la de otros, pero al fin y al cabo no estoy totalmente dentro del sistema, ni trabajo en él. Es a la comunidad educativa y estudiantil a la que hay que preguntarle, y son ellos los que tienen (con el permiso y ayuda de nuestros queridos políticos) que coger el toro por los cuernos, hacer autocrítica y cambiar lo que haga falta en la cantidad de tiempo que sea necesaria. Yo al fin y al cabo no soy ni profesor ni alumno en un centro español. Lo cual no quiere decir que no conozca la situación desde dentro, por cierto (a veces se me ha acusado de ello).

En cuanto a los titulares de prensa… Son eso: titulares. Hay que cogerlos con precaución. No digo que mientan, pero sí hemos de recordar a los lectores que las palabras, sacadas de contexto y despojadas de los matices con las que fueron dichas, son interpretables de mil maneras…

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Y, desde la perspectiva de los alumnos que se están formando bajo estas condiciones, ¿qué crees que podríamos hacer para aportar nuestro grano de arena?

Me remito a lo que ya he dicho: me he mojado muchas veces, y lo seguiré haciendo. Pero me apena ver que muchas veces, cuando denuncio algo que todos denunciamos en la barra del bar, me quedo solo. Me impresiona sobremanera el que tantas personas admitan las enfermedades endémicas del sistema de puertas para adentro y después ataquen al que las denuncia en público, como si sintieran su orgullo herido.

Habiendo estudiado en dos países diferentes (España y Alemania) ¿Encuentras mucha diferencia entre la implicación del alumnado en uno y otro?

Sin duda. Allí tienen una implicación brutal en todo lo que tiene que ver con el conservatorio: desde cuestiones curriculares (votaciones conjuntas con profesores para modificar asignaturas, redistribuir créditos…) hasta cuestiones del alumnado, como pueden ser fiestas de bienvenida para los nuevos alumnos (con su propia partida económica), organización de conciertos por y para los alumnos aparte de las audiciones, fondos sociales para los alumnos con menos dinero… Otro mundo.

Como puede que sepas, con la entrada en vigor de la LOMCE, en su artículo 127, el Consejo Escolar (órgano donde está incluída la representación estudiantil de un centro) pasa a ser meramente consultivo. Sin embargo, en tu conservatorio actual, los alumnos tienen mucha más importancia dentro del gobierno del centro y, de hecho, tú participas activamente en asambleas. Cuéntanos tu experiencia, ¿crees que puede ser algo bueno que importar a nuestro sistema?

Es fundamental. Pero este cambio de ley no es nada nuevo en este país. La democratización ha de ocurrir a todos los niveles, y no condensarse únicamente en una votación cada 4 años (o cada medio, como ahora). La implicación estudiantil en los órganos de gobierno de sus centros y que sus decisiones sean vinculantes es solo un primer paso. Nos falta muchísimas cultura democrática. La sociedad civil ha de implicarse mucho más en la vida cultural de sus espacios y no caer en la actual dejación de funciones que sufre nuestro país.

Has comentado en muchas entrevistas que echas de menos el lugar de la música dentro de la educación de formación básica (primaria, ESO…). ¿Por qué? ¿Tiene España algo que aprender de otros sistemas? ¿Cuáles crees que serían los beneficios de eso?

Porque está más que demostrado que la música no reporta más que beneficios, porque no hay mejor regalo para una generación que educarla en el amor y disfrute de las artes y de su vastísima herencia artística, porque avanzamos cada vez más en una sociedad del bienestar que debemos llenar con objetivos vitales más allá de ganar cada vez más dinero, porque cada vez vivimos más y necesitamos para esos años extra más belleza y cultura que nunca. Una sociedad que se regala en su propia chabacanería y se siente orgullosa de su incultura es, como mínimo, un admirable objeto de estudio antropológico.

Una de las singularidades que cautivan a tus seguidores y a tu público es tu espontaneidad y la intensidad de tus interpretaciones. ¿Crees que esa característica hace que tu música llegue de otra forma a la audiencia?

¡No tengo ni idea! Nunca me paro a pensar en qué es lo que atrae o no de mis versiones, sería contraproducente. Intento ser honesto, nada más.

Tu personalidad traspasa las redes sociales que usas a diario, encandilando a cientos de usuarios. En particular, eres especialmente activo en Twitter, donde una de tus iniciativas ha sido publicar vídeos diarios musicales de tus jornadas de estudio. ¿Cómo repercuten las redes sociales y el mundo de la comunicación actualmente en la carrera de un músico?

Está por verse. Es un fenómeno demasiado reciente, y estamos en tiempos que algunos llaman “modernidad líquida” en la que los cambios tecnológicos, científicos y sociales son demasiado rápidos a veces como para analizarlos fácilmente. Me tomo las redes sociales como lo que son: un juego. Si saco algo bueno de ellas, bienvenido sea. Pero me alegra que seáis tan optimistas con mi papel en ellas: ¡yo soy algo más escéptico con la repercusión real que en ellas tengo!

Te gusta el jazz, el flamenco, el rock,… Además, hablas de que te gustaría colaborar con artistas o grupos como Chick Corea, David Dorantes, Radiohead… ¿Buscas en estos estilos sensaciones que no te pueda aportar la música clásica? ¿Existen demasiados prejuicios hacia otros estilos desde el mundo de la música clásica?

¡Ojo! Cuando digo que me gustaría colaborar con ellos ni mucho menos estoy diciendo que considere que tengo el nivel de semejantes genios. Simplemente digo que es uno de mis sueños. Y los sueños, sueños son…

No hay que ser dogmático nunca. Los prejuicios coartan nuestra capacidad de disfrutar de la infinita variedad de placeres que la vida nos ofrece (y no solo estoy hablando de arte). No busco en Schubert lo que me da Manolo Caracol, y no busco en Marina Heredia lo que me da King Crimson. Así de sencillo.

¿Crees que dedicarte a la música te ha hecho perder muchas cosas de las que disfruta la gente de tu edad?

Es muy importante elegir bien las palabras para describir la realidad, pues también nuestro lenguaje configura la realidad misma. Por eso no me gusta decir que he “perdido” algo. Simplemente he tenido una vida muy diferente, en la que no siempre he podido hacer todo lo que la gente de mi edad hace, pero en la que por otro lado he podido hacer cosas que muy pocos pueden hacer (viajar, conocer tantas culturas, crear, llegar de una forma tan intensa al público…).

¿Crees que la formación musical te hace ver la vida de manera distinta?

Sí. Me ordena los pensamientos, me ayuda a ser más disciplinado, agudiza mis sentimientos y emociones, me ayuda a conocerme mejor, me inculca un espíritu trabajador impagable. Y no olvidemos que la función última y universal del Arte es sobrellevar mejor nuestra realidad y la idea de que en algún momento todos vamos a morir. No está mal, ¿no?

Actualmente, cuentas con una página web, www.juanperezfloristan.com, donde hemos podido ver que actuarás en Septiembre tanto en Soria como en León; y que tu agenda del 2017… ¡está prácticamente llena! ¿Algún proyecto por el que estés especialmente ilusionado o que quieras destacar?

Mi gira latinoamericana, mi grabación a solo para Naxos, el Triple de Beethoven con el Trío VibrArt y con la OBC en Barcelona, mi debut en el Wigmore Hall de Londres, mis conciertos en París, Varsovia, Budapest, Hannover, Munich, Zurich… ¡Y tengo proyectos incluso más jugosos pero que aún no puedo revelar!

Muchas gracias, Juan, por habernos prestado un poco de tu tiempo. ¡Te deseamos lo mejor!

JUAN PÉREZ FLORISTÁN

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